A éstas se les han unido grupos e individuos de otras clases sociales que han optado por un cambio en la sociedad y se han unido al pobre en su lucha por ese cambio.
La multiplicación de regímenes de “seguridad nacional” (léase de seguridad del capital), de dictaduras militares, con su represión a los movimientos populares en muchos países de América Latina, es una reacción contra el poder transformador y de liberación del pobre organizado.
El Segundo Paso: La Fe Se Refleja el la Práctica de la Liberación
Los cristianos han estado y todavía están en el centro de esos movimientos de liberación. La gran mayoría de los latinoamericanos no son solo pobres sino también cristianos. La gran pregunta en un principio y todavía válida hoy era – y es – qué papel debe desempeñar la cristiandad. ¿Cómo podemos ser cristianos en un mundo de miseria e injusticia? Solamente hay una respuesta: para ser seguidores de Jesús y verdaderos cristianos debemos hacer frente común con el pobre y desarrollar el evangelio de la liberación. Luchas sindicales, batallas por la tierra y por los territorios de los indígenas, lucha por los derechos humanos y todas las formas de compromiso siempre hacen la misma pregunta: ¿Qué parte está jugando la cristiandad en el motivar y llevar a cabo el proceso de liberación de los oprimidos?
Inspirados por su fe – que tiene que incluir compromiso con el vecino, particularmente con el pobre, si ha de ser verdadero (Mateo 25:31/46 ) – y motivados por la proclamación del reino de Dios – que comienza en este mundo y culmina en la eternidad – y por la vida, hechos y muerte de Cristo quien históricamente optó por el pobre y por el significado altamente liberador de la resurrección, muchos cristinos – obispos, sacerdotes, religiosos, monjas, y laicos – están actuando al lado del pobre, o respaldando las luchas que se están llevando a cabo. Las comunidades cristianas, las sociedades bíblicas, los grupos para la evangelización popular, los movimientos para la promoción y defensa de los derechos humanos, particularmente los de los pobres, agencias que se entienden con cuestiones sobre tenencia de tierra, indígenas, grupos marginalizados y otros similares, han demostrado tener algo más que el significado religioso y eclesial, y ser poderosos factores para la movilización y propulsores de la liberación, especialmente cuando unen sus fuerzas con otros movimientos populares.
La cristiandad no puede más ser considerada como el opio del pueblo, ni puede ser vista como dando respaldo a una mera actitud crítica: ya se ha convertido en un propósito activo de liberación. La fe desafía la razón humana y el progreso histórico del poderoso, pero en el Tercer Mundo considera el problema de la pobreza, visto ahora como resultado de la opresión. Sólo desde este punto de vista puede izarse la bandera de la liberación.
El evangelio no está dirigido principalmente al hombre “moderno” con su espíritu crítico, sino primero y más importante a los “don nadies” a quienes se les niega la dignidad básica y los derechos. Esto -nos lleva ala reflexión en un espíritu de Profesía y solidaridad dirigidas a convertir los “don nadies” en seres humanos, a renovarlos, de acuerdo a los designios del “nuevo Adán”, Jesucristo.
El reflexionar sobre bases prácticas, dentro del ámbito de los enormes esfuerzos hechos por los pobres y sus aliados, el buscar inspiración en la fe y en el evangelio del compromiso a luchar contra la pobreza y por la liberación integral de todas las personas y de la persona toda – eso es lo que significa la teología de la liberación.
Los cristianos que han sido inspirados por sus principios y los practican han escogido el camino arduo, exponiéndose a la difamación, persecución y hasta el martirio. Muchos han sido llevados por su discernimiento y prácticas de solidaridad en sus orígenes a un proceso de verdadera conversión. El arzobispo Oscar Romero de San Salvador quien había sido conservador en sus puntos de vista, llegó a ser un gran intercesor y defensor de los pobres cuando contempló el cuerpo de Fray Rutilio Grande, asesinado por sus compromisos con los pobres. La sangre derramada del mártir actuó como un llamado a abrir los ojos a la urgente tarea de la liberación. Y él mismo cayó como mártir por igual causa.
El compromiso con la liberación de millones de oprimidos en nuestro mundo devuelve al evangelio la credibilidad que atenía al principio y en los grandes períodos de santidad y testimonio profético en la historia. El Dios que se compadeció de los maltratados y el Cristo que vino a liberar los prisioneros se muestran con una nueva cara e imagen hoy día. La salvación eterna que ofrecen está intervenida por las liberaciones históricas que dignifican a los hijos de Dios y tornan creíble la futura utopía del reino de la libertad, justicia, amor y paz, el reino de Dios en medio de la humanidad.
De todo esto se concluye que si vamos a entender la teología de la liberación debemos primero entender y tomar parte activa en el proceso real e histórico de liberar a los oprimidos. En este campo, más que en otros, es vital ir más allá de un mero acercamiento intelectual que se contenta con comprender una teología a través de sus aspectos puramente teológicos, con leer artículos, asistir a conferencias y leer libros. Tenemos que abrirnos camino en un marco de referencia más bíblico en el cual”conocer” implica amar, dejarse envolver en cuerpo y alma, comulgando completamente –como dice Jeremías:”Él hacía justicia al pobre y al desvalido, y todo iba bien”. (Jer. 22.16).
Así que las críticas a la teología de la liberación por los que la juzgan puramente a nivel conceptual, desprovistos de todo compromiso real con los oprimidos, deben ser miradas como radicalmente irrelevantes. La teología de la liberación responde a tales críticas con una sola pregunta. ¿Qué parte ha desempeñado usted en la liberación efectiva de los oprimidos?
Notas